La temporada de lluvias en las carreteras de América Latina dejó de ser una etapa pasajera para convertirse en una constante intensa e impredecible. Para quienes vivimos la vida sobre dos ruedas, ya sea por la adrenalina de la aventura, la necesidad del trabajo o el puro placer de viajar, el agua no es solo un factor climático, es un desafío técnico que lleva las capacidades del piloto al límite.
Menor adherencia, visibilidad reducida y riesgos de incidentes aumentan exponencialmente cuando el cielo se cierra. Por eso, de la mano de los expertos de Goodyear, una de las compañías de llantas más grandes del mundo, hemos sintetizado las cinco reglas de oro para que la lluvia no detenga tu ruta, sino que sea solo una parte más del paisaje.
1. El labrado: tu escudo contra el hidroplaneo
El primer punto crítico es el desgaste de tus neumáticos. En condiciones secas, una llanta lisa puede «defenderse», pero bajo la lluvia, la profundidad de la banda de rodamiento es tu seguro de vida.
- La medida crítica: Cuando el labrado se acerca a los 2,5 mm o 3,0 mm, la capacidad de evacuar agua cae drásticamente.
- El riesgo: Si la llanta no desaloja el agua, ocurre el temido hidroplaneo: la moto «flota» sobre una película líquida, perdiendo toda dirección y tracción.
- El factor suciedad: recuerda que en los primeros minutos de lluvia, el agua se mezcla con aceite y polvo, creando un «jabón» traicionero en la pista. Un labrado en buen estado y bien montado es vital aquí.
2. La presión correcta: ni más, ni menos
Muchos moteros olvidan que el aire es lo que mantiene la forma de la huella de contacto. Una presión incorrecta altera la estabilidad de forma peligrosa:
- Exceso de presión: Reduce la superficie de apoyo (menos agarre).
- Presión baja: Genera sobrecalentamiento, deformación y un desgaste irregular que arruina la llanta prematuramente.
Tip de Goodyear: Mide la presión al menos una vez al mes y ajústala siempre según las especificaciones del fabricante, especialmente antes de rutas largas o de montaña.
3. Conducción suave y anticipada
Sobre asfalto mojado, la agresividad es tu peor enemiga. La conducción debe transformarse en un ejercicio de fluidez y calma.
- Distancia de seguridad: Auméntala al doble; frenar en mojado requiere más metros.
- Progresividad: Evita acelerones bruscos y sé muy suave al inclinar la moto en los giros.
- La regla de la media hora: Durante los primeros 30 minutos de lluvia, la carretera es un jabón. Reducir la velocidad no es falta de pericia, es inteligencia pura. Si tienes ABS, confía en él, pero no fuerces su intervención.
4. Visibilidad: ver y ser visto
Bajo una cortina de agua, te vuelves invisible para muchos conductores de vehículos grandes. La seguridad también entra por los ojos:
- Iluminación: Verifica que tus luces estén alineadas y funcionen al 100%. No escatimes en ser visible.
- Pantallas y parabrisas: Si viajas en una moto Adventure o de turismo, asegúrate de que el parabrisas no tenga rayones que distorsionen la luz o el agua, ya que esto puede cegarte en momentos críticos.
5. Planificación y flexibilidad
La aventura no se trata de llegar rápido, sino de llegar bien. En temporada de lluvias, el mejor accesorio es un buen pronóstico del clima.
- Consulta las vías: Revisa el estado de las carreteras y evita zonas propensas a derrumbes.
- Sé flexible: Si la tormenta es demasiado fuerte, para, toma un café y espera. Modificar el itinerario es una señal de respeto hacia la vía y hacia tu propia integridad.
Rodar bajo la lluvia no tiene por qué ser sinónimo de peligro. Con unas llantas en óptimas condiciones, una revisión técnico-mecánica al día y una mentalidad consciente, estarás listo para enfrentar cualquier clima.

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